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ENTREVISTA EXCLUSIVA A ADRIÁN GUERRA

Para escuchar la entrevista utilice el control de abajo:

"La magia es un arte que tiene la virtud de transportarte a otro nivel mental"

Ganador del campeonato mundial de magia en Japón 1994, se transformó de estudiante de medicina a exitoso empresario: posee escuelas de magia, el primer resto-bar de Latinoamérica dedicado a la especialidad y productos exclusivos. En charla con Infomagos, cuenta cómo se convirtió en lo que es hoy, cómo vive el ilusionismo y cómo cree que influye en nuestro país.

Por Fabricio Soza.
fsoza@infomagos.com.ar

Jamás imaginó que esas noches de guardia en la que sus compañeros médicos ‘hacían’ de público ante su rutina, lo llevarían a ganar el campeonato de Japón 1994. “Me preparé de la mejor manera: para no ir a ganar, sino a hacer un buen papel”, asegura Adrián. Desde ese momento, su vida profesional cambió drásticamente y se convirtió en todo un emprendedor, apegado a la disciplina. Su resto-bar Embrujo, de Palermo (Gorriti 5612) se destruyó en un incendio, pero en tiempo récord lo remodelaron y desde junio de 2007 presenta ‘Alto el fuego’, que, según el artista, es una forma de “reírnos de la desgracia y anclar la comunicación en el fuego”. Además, posee dos escuelas de magia de las que salieron grandes profesionales, cientos de aficionados y ya tiene proyectadas otras sucursales. Y eso que ningún mago revela los secretos eh…

- Desde que ganaste el campeonato mundial en Japón hasta ahora, ¿qué cambió en tu carrera profesional?
- Todo. Porque traté de darle forma a los negocios colaterales del campeonato, localmente hablando, aunque tuve una época en el exterior donde dí conferencias afuera, y vendí mis ideas, mis productos. Después, traté -y hoy por somos líderes-, de abarcar las escuelas de magia. El restaurante “Embrujo” es el único en Sudamérica en donde hay una carta de vinos y comida de nivel, con shows de magia permanente. Además, la parte de ventas, porque en las escuelas tengo dos locales de artículos que están creciendo a pasos enormes. Creo que no existen muchas cosas más 'explotables', relacionadas con la magia. Ese fue un cambio. Y después, artísticamente mucho, porque pasé a hacer todo tipo de magia. Yo gané el campeonato cuando nadie sabía que había mundiales de magia. Me acuerdo de las notas de la prensa, por ejemplo, cuando fui tapa de Clarín y me preguntaban 'Che... ¿cómo es un mundial de magia?'. Nadie sabía que existían así que, a raíz de eso, se produjo una bisagra y empecé a actuar mucho para empresas, y agrandar mi show. Encontraba que la parte de magia de salón y cartas no alcanzaba para grandes eventos de empresas, entonces empecé a husmear en las grandes ilusiones. Hoy por hoy, tengo un loft lleno de éstas, de todo tipo. Te diría que fue un cambio rotundo en la carrera, en todas sus áreas.

- ¿Te acordás cómo te habías preparado para el evento?
- Sí, de la mejor manera de preparase: no ir a ganar, sino a hacer un buen papel. Así fue la preparación. Practicaba todos los días. Estudiaba medicina y hacía guardias en las que llevaba la rutina, y sentaba a los médicos para que me vean. Practicaba permanentemente durante el último año y medio, dos. Era una obsesión, un entrenamiento como pianista, un concertista. Igual, el eje de ese acto, el esquema inicial, ya estaba pautado en el año 89', donde gané el primer premio en el Latinoamericano de Brasil. Esa fue la médula espinal de la rutina, a la que le fui cambiando cosas, hasta que llegó al 94' depurada.

- Vos ganaste en lo que se denomina cartomagia, pero ¿cuál es tu disciplina preferida?
- Muchas disciplinas me gustan, pero a la cartomagia uno le tiene un amor especial. Tengo muchos años volcados ahí, por los congresos, las conferencias. El maso de cartas es increíble por la cantidad de juegos que encierra. Por ahí, en las ilusiones, a los aparatos los usas para dos o tres cosas, pero un mismo maso de cartas te puede servir para horas y horas de juegos distintos.

- Contanos cómo fue estrenar el espectáculo que desde julio hacés en el Embrujo, justo después de un incendio. Parece casi una cosa de 'Ave Fenix'...
- Claro, la idea era esa: traducir positivamente la desgracia. Se nos incendió el 85, 90% y no quedó nada. La idea era o ponerse a llorar o 'tragar amargo y escupir dulce', como dice el refrán. Contra todos los pronósticos de los arquitectos, que pronosticaban dos o tres meses, no dormimos ni los arquitectos, ni los encargados, pusimos a fondo el acelerador y en 14 días lo remontamos. Por eso pudimos reírnos de esa desgracia, y de ahí que la comunicación está todavía anclada en el fuego sagrado. Qué mejor que hacer un show que se llame 'Alto el fuego'. De hecho en el openinng mi asistente salía con casco de bombero, es decir: nos cagamos de risa de lo que ocurrió. Hoy tenemos un Embrujo que está renovado y hasta un 70% mejor, te diría, en técnica y detalles, de lo que era antes.

- Con vos la premisa de que el mago nunca revela sus secretos se cae, porque la escuela es un éxito. ¿Cómo fue en esos comienzos, cómo se te ocurrió ponerla?
- Son exitosas y hay proyecto para seguir abriendo más. Lo lindo de la escuela es que, si bien genera magos, estos son muy respetuosos del arte. Tienen muy claro que deben poner su personalidad en función de la magia, y no revelan los juegos ninguno de los alumnos que pisan los escenarios. Hasta profesores de la escuela fueron ex-alumnos y en ese sentido estamos bien cubiertos en cuarto a resguardar el secreto. Después, el grueso de la gente lo hace por hobby. Por eso, contrariamente a lo que se pensaba antes, si bien revelás secretos, genera aficionados. Eso es lo más interesante: generar aficionados. Son los que consumen cuando viene un Copperfield, cuando hay algo de magia va al teatro, cuando ve un truquito se lo compra a su hijo. Esto es como en el fútbol: jugar en primera división y los mundiales, juegan muy pocos. Ahora, quienes juegan el domingo al papi, fútbol cinco... y todo el mundo. Es la idea.

- ¿Cuál fue la mayor sorpresa con la que te encontraste en la escuela?
- Lo primero que te encontrás es que aprendés vos tanto o más que el alumno, porque eso de que enseñando se aprende es real. Después, me encontré con gente que quiere mucho a la magia, muy respetuosa, y que hizo de la ilusión un hobby fantástico. No se generó esa problemática que por ahí uno estaba pensando si se revelarían los secretos. Hay ciertos juegos que uno los va haciendo, que son parte del repertorio profesional, y  después los va eligiendo el mismo aprendiz. Hoy en día con Internet está bueno que  naveguen y encuentren cosas. Está todo muy activo y eso hace que haya secretos revelados por todos lados, no sólo en nuestra escuela de magia.

- Hablemos de vos como artista: ¿Alguna vez le pifiaste a un truco en un escenario?
- Muchas veces. Trato de que la gente no se de cuenta, o que se de cuenta lo menos posible. Como tengo un estilo en el que hago humor, eso me ayuda porque hago chistes. De última, asumo el error y me río de eso. Esto es arte, como arte es humano, y como humanos cometemos errores.

- ¿Qué ilusionistas te parecen los mejores del país y del mundo? ¿Tenés algún referente?
- Yo admiro a muchos, porque como hay tantas especialidades distintas y tantos estilos distintos... Si vamos a hablar del manejo de la charla, de las pausas, René Lavand es un maestro y amigo. Juan Tamarís, que es mi maestro de toda la vida, es madrileño y viene mucho a Argentina porque somos amigos. De Copperfield no podés dejar de admirar sus puestas en escena, su manejo de empresa y de artista también, su lenguaje corporal, cómo comunica. Hay muchas cosas. Manipuladores como Lance Burton, que tiene un mega-show excelente y es un artista muy completo. Hay muchos a los que admiro y no tengo un favorito. De todos aprendo y admiro algo.

- ¿Argentina es referente de la disciplina? ¿Creés que hay público preparado?
- Sí, claro. Cuatro campeones mundiales… Está bien posicionada y bien parada la magia argentina en el mundo. Fue siempre así, y a raíz de que yo gané el premio, fueron otros chicos y ganaron. Como que se abrió un poco la puerta a que digan 'guarda que viene un argentino, a ver qué hace'. Hay una inquietud distinta, una postura del que mira y del que evalúa. Y público preparado para la magia hay cada día más. Por suerte Embrujo no para de trabajar, las escuelas también. Yo hay veces que rechazo shows porque no me dan más los horarios. Así que está muy bien.

- ¿Por qué se deben difundir la magia y el ilusionismo en el país?
- Es un arte de los más sanos. Tiene la virtud de transportarte a otro nivel mental. Hay quien dice que la magia te hace rebobinar en la edad y en el tiempo, y uno vuelve a ser un poquito niño, a tener esa ingenuidad. Es un arte que, si no es el mejor, es uno de los mejores. Creo que es necesaria y te ilusiona. Hoy en día el ser humano, como vive en este sistema tan loco, necesita ilusionarse siempre.

 
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